Mirada Frontal, Mirada de Púgil / Gonzalo García Pin

Cada combate de boxeo es una historia: un drama sin palabras. Las fotografías de Alberto García-Alix también son historias condensadas, narraciones mudas pero elocuentes, imágenes impregnadas de un lirismo desnudo de artificios; poesía que siempre encuentra un lugar en el encuadre donde instalarse: la tensión en el escorzo de una cara, la punta de un zapato, una vagina ensartada, el cadáver de un pájaro, los perfiles difuminados de un edificio… Poesía directa que estalla frente a nuestros ojos con el fulgor de un golpe de látigo.

Luchador vocacional, cuando García-Alix concluye uno de sus gozosos combates con las imágenes, sólo queda un vencedor en pie sobre la lona: su mirada. Una mirada frontal. Una mirada de púgil. Pura épica.

Decantada su técnica hacia una minuciosa utilización del blanco y negro, García-Alix compone su discurso visual de acuerdo con los planos que va dibujando su itinerario vital, planos sobre los que el fotógrafo traza su misteriosa, emotiva y contundente cartografía artística. Un ancho mapa donde figuran objetos y paisajes, fotografías en las que Alberto García-Alix captura los escenarios de su propia biografía: casas, calles, carreteras y caminos que se abren al infinito. Tapias, fachadas y escaparates acotados por el objetivo de su cámara. Espacios abiertos sobre los que su mirada brinca y se hace introspectiva hasta encerrarse entre las cuatro paredes de una escueta habitación.

Si alguien nos pusiera en el arduo brete de elegir uno solo de entre los motivos abordados por García-Alix en su obra, aquel que la compendiara y resumiera en su totalidad, este motivo esencial sería el cuerpo humano: su carne, sus huesos y también la luz que esconden sus entrañas. Y es que al final, de manera ineludible,  la pelea queda abocada a un cuerpo a cuerpo de Alberto con la luz.

 

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